4to domingo de Adviento

  1. Lucas 1, 26-38
  • El texto de la Anunciación a María es muy conocido, es parte del Evangelio de la Infancia, y solo San Lucas lo tiene. Lo importante para nosotros es descubrir que nos puede enseñar hoy.
  • La Anunciación es un encuentro de Dios con una mujer anónima, que espera las promesas de los profetas. Tiene lugar en una casa sencilla de un pueblo pequeño. Todo sucede lejos del templo de Jerusalén.

Este encuentro marca la vida de María y la vida del mundo entero.

  • El texto es como un libro abierto que nos despierta, nos introduce en un espacio desconocido, nos ayuda a soñar una nueva humanidad.

Lucas quiere transmitirnos realidades insospechadas:

  • que los criterios de Dios son muy distintos que los nuestros. Nosotros esperamos cosas espectaculares, pero Dios se hace presente en la sencillez y podemos encontrarlo en cualquier acontecimiento de la vida cotidiana.

 –  que Jesús viene de Dios, es su Hijo amado, obra de su Espíritu creador. El Espíritu ilumina nuestras tinieblas, nos introduce en el misterio de Dios y nos da sed de conocerlo, amarlo servirlo. Hoy sigue naciendo en los brazos de María y en lo profundo de nosotros.

  • Él se gesta en las entrañas y nace de una mujer, como todos los hombres y mujeres de todos los tiempos. La iniciativa es de Dios.

Jesús es Hijo de Dios e hijo de María. Es completamente humano, con gozos y cansancios, es completamente divino, tiene un corazón misericordioso como el de su Padre.

  • Este texto también habla de nosotros, quiere despertarnos.

La palabra catequesis significa “dejar resonar” la Palabra de Dios en nosotros, en nuestras entrañas.  Podemos preguntarnos ¿qué resuena en mi al escuchar esta Palabra de Dios?, ¿a qué me invita? ¿qué nos quiere transmitir Lucas con este texto?

  • A nosotros, como a María, nos llega inesperadamente la Palabra de Dios, entra en nuestra vida, donde quiera que estemos.

Nos anuncia que hemos encontrado gracia delante de Dios, que nos quiere gratuitamente, y que quiere seguir naciendo en este mundo por medio nuestro.

  • La visita nos sorprende, lo que nos propone no está en nuestros planes, nuestra vida ya está organizada, somos cristianos, ¿qué más quiere ahora?, ¿De qué nos estás hablando?
  • Él nos dice: “No tengas miedo. Te elijo para que tu vida sea fecunda y hagas presente a mi Hijo donde quiera te encuentres”.
  • Nos desconcertamos, entrevemos que esta invitación de Dios nos va a sacar de lo habitual, de lo que estamos acostumbrados. Podemos ignorarla, seguir con lo de siempre, con lo que nos hace sentirnos seguros.
  • Nos toca contestar, podemos decir ‘si’ al deseo de Dios, desinstalarnos. Todo el resto que necesitamos para vivir esta aventura corre por cuenta del Espíritu. Él nos lleva por caminos inesperados, nos enseña a confiar y a tener un corazón siempre agradecido.

Sabemos bien que nuestras posibilidades son muy limitadas para tarea tan grande, solo somos creyentes y nuestros amores son frágiles.

No nos atrevemos a creer que Dios nos acompaña y puede llevar por caminos nuevos hacia la alegría de ser hombres y mujeres marcados por su sello. Estamos llamados a ser para otros un lugar de encuentro con Dios.

  • Como María podemos decir “Hágase en mi según tu palabra” y empezamos a ser ciudadanos de un mundo grande, cuidadores de lo que Dios nos ha confiado, con la tarea de servir a todos, especialmente a nuestros hermanos más frágiles.

En esta Navidad tomemos a Jesús en nuestros brazos con la ternura de María y el desconcierto de José.  El después nos toma a nosotros, nos anima toda la vida, nos enseña a querer con amplitud y a ser testigos de su bondad.

 

Amen

Josefina Gil Huidobro, ODN

Viña del Mar, diciembre 2020.