Primer Domingo de Adviento 2020

Marcos 13, 33-37

  • Hoy iniciamos el tiempo del Adviento, es un tiempo hermoso, tiempo de espera, de encuentros, de estar atentos a la vida. En este año tan especial tratemos de vivirlo con una intensidad nueva, necesitamos con urgencia madurar en nuestra fe.
  • Adviento es un tiempo de espera. María, nuestra señora, nos puede enseñar a vivir el Adviento. Es una mujer embarazada que lleva en sus entrañas el germen de la vida nueva y espera acoger a su hijo.

“Dios se hace hombre para que el hombre se convierta en Dios” nos enseña San Ireneo.

El Hijo de Dios se encarna, se hace uno de nosotros. en María toma nuestra humanidad. Dios está en María y ella está en Dios.

Acompañémosla, demoños tiempo para estar con ella y aprender el asombro, la sencillez, la gratitud con que vive.

Ella nos puede enseñar el camino para que Jesús nazca en nuestro interior y vivamos en comunión con El, en amistad para siempre.

  • Adviento es un tiempo de Nuestro Dios es un Dios de encuentros, su nombre es Emanuel “Dios con nosotros”.

Navidad es el tiempo del encuentro para siempre de un Dios que busca encontrarse con nosotros y el se deja encontrar. Abramos nuestras puertas para que, entre la novedad de vida, dispongamos el corazón para acoger al Señor y nos habite, nos ayude a vivir más plenos.

Quiere encontrarnos para crear cercanía, intimidad, dispuesto a dialogar. Nos muestra caminos y hace posible abrirnos a una experiencia que nos marca para siempre.

Los encuentros son la mejor medicina contra la tristeza, la baja autoestima, nos devuelven el gozo de vivir, nos dan sentido para vivir.

El aislamiento, los desencuentros son enfermedades graves, nos dejan vacíos.

  • Adviento es un tiempo de estar vigilantes, estar alerta para enfrentar la vida de manera lucida, no podemos quedarnos dormidos. Es una actitud básica de los cristianos que quieren reconocer a Jesús “el que viene” y no se cansa de venir en el cada día de nuestra vida.

Nuestra vida actual va perdiendo color e intensidad, la queja y el mal humor se apoderan de nosotros, nuestro corazón se ha endurecido y la indiferencia va creciendo, buscamos seguridades de todo tipo.

Necesitamos entrever el rostro vivo de Jesús que atrae, que llama, que cuestiona, que nos levanta, que nos pone en camino. Él quiere estar presente en el cada día de nuestra vida, quiere ser la luz de nuestros ojos, la sabiduría de nuestros actuar, el descanso de nuestro quehacer.

Lo tenemos que descubrir y ayudar a otros a descubrirlo porque el no viene con poder y gloria sino rodeado de sencillez y humanidad, como uno de nosotros.

Es el quien nos enseña que nuestro Dios no está arriba sino abajo, que respeta nuestra libertad y autonomía incluso cuando nos perdemos, que nos propone actuar con Él y por El para que otros tengan vida en abundancia. Con El estamos llamados a ser sacramentos de la vida nueva.

  • En Adviento podemos aprender ser artesanos de una nueva convivencia y testigos del amor de Dios por todos.

Dispongámonos a re-educar nuestra mirada para reconocer en el corazón de las personas que encontremos su belleza y sus necesidades, que en ellos hay más bondad y ternura que lo que captamos a primera vista.

Si alguien nos pregunta: ¿Dónde está Dios? podamos contestar: “esta en ti y en mí, haciendo todo nuevo”.

                                                                  Amén

Josefina Gil Huidobro, odn.

Viña del Mar, diciembre 2020.